El analista Santiago González Díaz advirtió que el oficialismo deberá abandonar la lógica de imponer por resultados electorales y aprender a negociar con gobernadores y bloques federales.
Un Congreso sin mayorías automáticas y gobernadores en el centro de la escena
En diálogo con Tucumán con Todo, el analista político Santiago González Díaz participó de una entrevista con el periodista Germán Valdez. Allí describió un escenario nacional en el que el gobierno de Javier Milei llega fortalecido por las urnas, pero sin una “mayoría automática” en el Congreso. Según sostuvo, 2026 será un “año de pulseadas”, con un Parlamento “más ríspido”, atravesado por negociaciones permanentes y acuerdos sujetos a los intereses provinciales.
González Díaz recordó que, tras las elecciones, se esperaba que el oficialismo pudiera avanzar “sin mayores obstáculos” con su paquete de reformas estructurales. Sin embargo, lo que terminó imponiéndose fue un proceso de rosca y negociación con los gobernadores, donde cada provincia defendió su propia agenda. “Los localismos se han fortalecido y empezaron a armar bloques e interbloques, como el de los gobernadores del norte”, analizó, subrayando que cada voto se ata a recursos, obras y beneficios concretos para las provincias.
En ese marco, el oficialismo logró avanzar con herramientas clave como el presupuesto nacional, pero debió frenar o postergar otros proyectos sensibles, como la reforma previsional y la reforma laboral, al no contar con los números asegurados. Para el analista, eso expone una tensión de fondo: mientras la Casa Rosada intenta imponer su agenda amparada en los buenos resultados electorales, el Congreso le recuerda que “sin acuerdos no hay ley posible”.
El rol de Tucumán y del gobernador Osvaldo Jaldo aparece como un caso testigo de este nuevo mapa. González Díaz destacó que los legisladores tucumanos, tanto en Diputados como en el Senado, acompañaron al oficialismo en general, pero marcaron límites en temas sensibles, como el intento de recortar partidas para educación. También ponderó la decisión de la senadora Sandra Mendoza de integrarse a un interbloque federal, movimiento que, según el analista, le otorga al jaldismo mayor poder de negociación en una Cámara alta donde el oficialismo nacional no tiene mayoría propia.
González Díaz describió al Senado como el ámbito “más complicado y ríspido”, donde figuras de la oposición, como el senador José Mayans, lograron entorpecer y demorar debates clave, obligando al oficialismo a desplegar toda su cintura política para conseguir dictámenes y votos. A diferencia de Diputados, donde el trámite fue “algo más sencillo”, la Cámara alta se consolidó como el verdadero campo de batalla.
Otro eje fuerte del análisis fue la crisis de liderazgo dentro del peronismo. Para el politólogo, la salida de Cristina Fernández de Kirchner de la primera línea dejó un espacio vacío que aún nadie logró ocupar. Mencionó que el liderazgo de Axel Kicillof se vio desdibujado por el avance de La Libertad Avanza en las legislativas nacionales, lo que abrió la puerta para que gobernadores del interior empiecen a perfilarse como posibles referentes de un proyecto federal y no sólo “porteño o bonaerense”.
En ese tablero, asoman nombres como los mandatarios de Santiago del Estero o Córdoba, aunque todavía “en segundo plano” y a la espera de que se ordenen las internas del PJ. Para González Díaz, la reunificación del peronismo no será inmediata: llevará tiempo hasta que surja una figura capaz de ofrecer una alternativa clara al gobierno de Milei y, al mismo tiempo, contener a las distintas tribus del espacio.
Respecto del panorama provincial, el analista consideró que Osvaldo Jaldo cierra el año “relativamente tranquilo”, apuntalado por los resultados de las elecciones de medio término y por su capacidad de alinearse con Nación sin perder identidad propia. En ese equilibrio, anticipó que Tucumán intentará capitalizar su apoyo en el Congreso para garantizar fondos y obras estratégicas en áreas como infraestructura, turismo y educación.
Con este contexto, González Díaz proyectó para 2026 un Congreso atravesado por pulseadas permanentes, donde cada ley será el resultado de acuerdos puntuales y donde los gobernadores serán actores decisivos a la hora de definir si los proyectos del oficialismo avanzan, se modifican o se caen.




