El pediatra Luis Bossi habló en Tucumán con Todo, por la pantalla de América Tucumán, y alertó por el uso excesivo de pantallas, la falta de descanso y el deterioro de hábitos en niños y adolescentes. También pidió más control familiar y límites concretos en casa.
En medio del debate abierto por la salud mental, la crianza y la contención de adolescentes, el médico Luis Bossi sostuvo que el uso excesivo del celular y de las pantallas ya se convirtió en un problema cotidiano que impacta en el descanso, la alimentación, el rendimiento escolar y la vida familiar. Lo dijo en una entrevista emitida en Tucumán con Todo, por la pantalla de América Tucumán, donde planteó que el desafío no pasa sólo por cuánto tiempo comparten los adultos con sus hijos, sino por la calidad de ese acompañamiento.
Bossi, que se desempeña en el área de nutrición pediátrica del sistema público tucumano y fue presentado en la entrevista como pediatra, remarcó que la atención pediátrica alcanza también a la adolescencia y defendió el rol del profesional como médico de cabecera durante todo ese proceso de crecimiento. En ese marco, advirtió que hoy contener a un niño o a un adolescente es cada vez más difícil, en un contexto en el que muchos padres pasan gran parte del día fuera de casa y los chicos quedan más expuestos a la soledad, a la sobreestimulación digital y a vínculos menos supervisados.
Uno de los ejes centrales de su planteo fue el avance de las pantallas desde edades cada vez más tempranas. Bossi describió escenas frecuentes de bebés y niños muy pequeños entretenidos con videos en el celular y advirtió que ese recurso, usado muchas veces para calmarlos, puede transformarse en una forma de dependencia. “No importa el tiempo que le das a tu hijo, lo que importa es la calidad que le das”, resumió, al insistir en que el problema no es sólo tecnológico, sino también vincular y educativo.
A la vez, evitó una mirada completamente negativa sobre la tecnología. Reconoció que existen herramientas útiles para estudiar, organizar contenidos y aprender, e incluso mencionó a NotebookLM, la aplicación experimental de Google orientada a trabajar con fuentes propias y generar materiales de apoyo. Sin embargo, aclaró que el verdadero riesgo aparece con el mal uso, la exposición sin límites y la sustitución de hábitos saludables por horas de conexión continua.
Durante la entrevista, Bossi puso como ejemplo el debate internacional sobre restricciones a menores y mencionó el caso de Australia. Allí, efectivamente, se avanzó con una ley para fijar una edad mínima de 16 años para el acceso a plataformas de redes sociales, aunque no se trata de una prohibición general de internet para menores. Desde su mirada, la discusión de fondo sigue siendo la misma: cómo proteger a chicos y adolescentes mientras su personalidad, su desarrollo neurológico y su salud emocional todavía están en formación.
El médico también vinculó el problema con la vida cotidiana posterior a la pandemia. Señaló que, desde 2020, se profundizaron conductas como irse a dormir con el celular, quedarse conectados hasta la madrugada y levantarse sin descanso suficiente para afrontar la escuela o las actividades del día siguiente. En ese punto, advirtió que el exceso de pantalla deteriora rutinas básicas y termina afectando tanto la salud mental como la salud física, algo que él observa también en pacientes con trastornos de peso y alimentación.
Entre las recomendaciones concretas, Bossi pidió que los chicos no lleven el celular a la cama, que el dispositivo quede guardado y apagado después de cenar, y que se generen otras rutinas para el cierre del día, como leer, escuchar música o relajarse antes de dormir. También sugirió apagar notificaciones, reducir el atractivo visual del teléfono, ocultar las aplicaciones más adictivas y prestar más atención a la información personal que se comparte en redes. Para el especialista, no se trata de demonizar la tecnología, sino de volver a poner a los adultos en un rol activo de guía, supervisión y límite.




