Las regiones de Ñuble y Biobío concentran la mayor cantidad de focos activos, con miles de personas evacuadas, viviendas destruidas y un amplio despliegue de bomberos y fuerzas de emergencia.
Incendios fuera de control, toque de queda y estado de catástrofe
Los incendios forestales en el sur de Chile dejaron al menos 19 personas muertas y más de 50.000 evacuados, en una de las emergencias más graves de los últimos años en ese país. Las llamas avanzan sobre las regiones de Ñuble y Biobío, a unos 500 kilómetros al sur de Santiago, donde ya se estiman más de 20.000 hectáreas afectadas y poblaciones enteras arrasadas por el fuego.
El presidente Gabriel Boric viajó a la ciudad de Concepción para encabezar el comité de crisis y confirmó que la cifra de víctimas fatales podría aumentar en las próximas horas. El mandatario decretó estado de catástrofe y anunció un toque de queda nocturno en las zonas más comprometidas, con el objetivo de facilitar las tareas de evacuación, evitar saqueos y restringir la circulación en sectores de alto riesgo.
Las llamas, impulsadas por altas temperaturas, fuertes vientos y una prolongada sequía, avanzaron con rapidez sobre áreas rurales y urbanas, destruyendo viviendas, centros educativos y servicios básicos. Más de 3.700 bomberos y brigadistas combaten los focos activos, apoyados por aeronaves y maquinaria pesada, en un escenario que las autoridades describen como “cuadro complejo” y de incendio “absolutamente descontrolado” en varios puntos.
Las autoridades activaron el Sistema de Alerta de Emergencia (SAE) y enviaron al menos 87 mensajes de evacuación a teléfonos móviles de vecinos de Ñuble y Biobío, lo que permitió el desalojo de decenas de barrios y localidades. Se habilitaron seis albergues en Ñuble y ocho en Biobío, donde ya se alojan cientos de personas que lo perdieron todo y reciben asistencia básica, alimentos y contención.
El avance del fuego también provocó el colapso de rutas, el desalojo de centros de salud —como el hospital de Lirquén— y complicaciones para el trabajo de las cuadrillas que intentan mantenerse a salvo en medio del humo y las altas temperaturas. En paralelo, las fuerzas de seguridad trabajan para contener intentos de saqueo y reforzar la presencia en las zonas urbanas más vulnerables.
Los pronósticos meteorológicos no son alentadores: se esperan temperaturas por encima de los 30 grados, baja humedad y ráfagas de viento que pueden reavivar focos ya controlados y favorecer la aparición de nuevos incendios. Desde el gobierno chileno advirtieron que estas condiciones pueden extender la emergencia y pidieron a la población respetar las órdenes de evacuación, no acercarse a las zonas de riesgo y denunciar de inmediato cualquier columna de humo o foco sospechoso.
Con el correr de las horas, el drama en el sur de Chile se viralizó en redes sociales con imágenes impactantes de bosques en llamas, cielos anaranjados, casas calcinadas y miles de personas huyendo con lo puesto. Los registros se volvieron tendencia bajo etiquetas como “incendios en Chile”, “Biobío” y “Ñuble”, y ya se organizan campañas solidarias para asistir a los damnificados.




