El ex director técnico de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres analizó en Tucumán con Todo, por la pantalla de América Tucumán, cómo se combinan el avance sobre zonas sensibles, los desmontes ya realizados, los fenómenos climáticos extremos y la ausencia de planificación hídrica.
En medio del análisis por las consecuencias que dejó el temporal en la provincia, Daniel Ploper sostuvo que los daños no pueden explicarse sólo por la intensidad de las lluvias. En una entrevista emitida en Tucumán con Todo, por la pantalla de América Tucumán, el referente del agro tucumano advirtió que el avance de urbanizaciones sobre sectores frágiles, la pérdida de cobertura vegetal y la falta de obras hídricas vienen potenciando los efectos de cada evento climático extremo.
Ploper planteó que en Tucumán hubo zonas donde no debió haberse urbanizado, especialmente en sectores del faldeo de la Sierra del Aconquija y del pedemonte. Según explicó, en esos espacios el reemplazo del suelo absorbente por pavimento, cemento y construcciones reduce la capacidad natural de retención del agua y acelera su escurrimiento hacia áreas urbanas y más bajas. Desde esa mirada, remarcó que los bosques cumplen una función clave de protección y amortiguación frente a lluvias intensas.
El especialista aclaró que la discusión no pasa sólo por el desmonte actual, sino también por las consecuencias acumuladas de intervenciones realizadas durante años. En ese sentido, recordó que Tucumán cuenta con una normativa que ordena el uso de los bosques nativos y fija categorías de conservación, pero insistió en que ya se produjeron transformaciones que hoy muestran sus efectos. “Se han hecho abusos en algunas zonas y hoy pagamos las consecuencias”, resumió.
A la vez, señaló que el problema no es exclusivamente ambiental. Para Ploper, lo ocurrido responde a una combinación entre fenómenos climáticos extremos, desmontes previos, crecimiento urbano sin previsión suficiente y una falta de obras para atenuar el impacto del agua. Por eso reclamó más planificación de largo plazo, con canales, diques y sistemas de regulación que permitan contener excedentes hídricos en épocas de lluvias fuertes y, al mismo tiempo, aprovecharlos cuando llegan los meses secos.
En ese punto, sostuvo que Tucumán arrastra una deuda histórica en infraestructura hídrica. Remarcó que la provincia recibe un régimen de lluvias valioso, pero muchas veces ese recurso “se ve pasar” sin ser almacenado ni gestionado de manera estratégica. Según su visión, esa carencia se siente por partida doble: primero en los temporales, por inundaciones y daños; y después, entre abril y octubre, cuando aparece la necesidad de agua para riego y para sostener cultivos como la caña de azúcar y el citrus.
Ploper también consideró que este tipo de obras no puede quedar librado sólo al sector privado. A su criterio, se trata de políticas de Estado que deben sostenerse más allá de los cambios de gobierno, con financiamiento y decisiones de largo plazo. Bajo esa lógica, insistió en que la infraestructura hídrica no sólo es necesaria para la producción, sino también para reducir riesgos sobre la población.
Como cierre, el ex director técnico de la Experimental vinculó el cuidado ambiental con la inserción de la producción tucumana en los mercados internacionales. Señaló que cada vez pesan más las exigencias vinculadas a la trazabilidad y a la deforestación en productos agroindustriales, por lo que proteger áreas sensibles no sólo tiene impacto ecológico, sino también económico y comercial.



