La soltería ya no ocupa el lugar marginal que tuvo durante décadas. En un contexto de transformaciones sociales y culturales, el concepto de singlism comenzó a ganar visibilidad para explicar no solo el crecimiento de personas que viven sin pareja, sino también los prejuicios que aún persisten alrededor de esa elección.
El tema fue abordado en el programa Primer Plano, conducido por Germán Valdez, donde la periodista Florencia Zottola introdujo el debate junto a la psicóloga gestáltica Sofía Fe.
El término singlism, acuñado por la psicóloga social Bella DePaulo, describe la discriminación, los estereotipos y las miradas peyorativas hacia las personas solteras. En muchas culturas, la vida en pareja continúa siendo considerada el modelo ideal de realización personal, mientras que la soltería suele interpretarse como una situación incompleta o transitoria.
Durante el análisis, la especialista señaló que el cambio más profundo es cultural: lo que antes era un mandato social —formar pareja, casarse y tener hijos— hoy convive con nuevas formas de pensar los proyectos de vida. “No sé si antes podíamos elegir; hoy sí”, sintetizó, al marcar el paso de una lógica de obligación a una de decisión individual.
En ese sentido, explicó que los proyectos personales comenzaron a diversificarse y ya no están exclusivamente ligados a la vida en pareja. El autoconocimiento, la búsqueda de identidad y la autonomía aparecen como factores centrales en este nuevo escenario. “La soltería también tiene que ver con preguntarse qué quiero, quién soy y qué elijo para mi vida”, planteó.
Otro de los ejes del debate fue la diferencia entre estar solo y sentirse solo. Mientras que la soltería puede ser una elección consciente dentro de un proyecto de vida, la sensación de soledad responde a una experiencia emocional distinta, vinculada a la falta de vínculos o al aislamiento. Esta distinción resulta clave para comprender el fenómeno sin caer en simplificaciones.
El crecimiento de la soltería también se enmarca en cambios más amplios: caída en las tasas de matrimonio, retraso en la edad para formar pareja y nuevas configuraciones familiares. Estos procesos, que se observan a nivel global, comienzan a consolidarse también en Argentina y reconfiguran las expectativas sociales tradicionales.
En ese contexto, el singlism funciona como una herramienta conceptual para visibilizar que, aunque las prácticas cambian, los prejuicios hacia quienes no eligen la vida en pareja todavía persisten. El desafío, según se planteó en el programa, es avanzar hacia una mirada más amplia que contemple la diversidad de trayectorias afectivas sin jerarquías ni estigmas.




