El fenómeno de la adultescencia, que describe a jóvenes adultos que prolongan su permanencia en el hogar familiar, volvió a instalarse en la agenda mediática y social. El tema fue abordado en el programa Primer Plano, conducido por Germán Valdez, a partir de una introducción de la periodista y comunicadora social Florencia Zottola, quien lo definió como un proceso que “afecta a nivel mundial y no solo a la Argentina”.
La adultescencia —término que combina “adultez” y “adolescencia”— también es conocida como síndrome del nido lleno, en contraposición al clásico “nido vacío”. Según se explicó en el programa, se trata de un fenómeno que lleva más de dos décadas en desarrollo y que impacta tanto en los jóvenes como en sus familias, especialmente en padres que no logran concretar la salida de sus hijos del hogar.
Para profundizar el análisis, participaron el psicólogo Miguel Alejandro Guerrero y la socióloga Sol Kaplan, quien aportó una mirada estructural sobre el tema. Desde la sociología, Kaplan señaló que este fenómeno debe leerse en el marco de un contexto global de inestabilidad, donde las certezas tradicionales —trabajo estable, casa propia y familia— dejaron de ser el horizonte predominante.
En ese sentido, explicó que hoy los proyectos de vida están atravesados por nuevas lógicas, como el consumo y la inmediatez, en lugar de metas a largo plazo. “La posibilidad de consumir es lo que da cierto estatus entre pares”, remarcó, al tiempo que advirtió que la independencia económica se vuelve cada vez más difícil en un escenario de salarios bajos y empleo inestable.
Desde la psicología, Guerrero sumó que la independencia no se limita a lo económico, sino que implica también madurez emocional, autonomía y capacidad para resolver problemas. En ese marco, advirtió que las nuevas generaciones crecen en un contexto marcado por la inmediatez y la sobreexposición a estímulos, lo que dificulta la construcción de proyectos sostenidos en el tiempo.
Además, planteó que este proceso genera un doble impacto: por un lado, jóvenes que postergan su salida del hogar y, por otro, padres que atraviesan un duelo simbólico ante la posibilidad —muchas veces evitada— de que sus hijos se independicen. “Si alguien puede evitar un dolor, lo va a hacer”, explicó al referirse a esa dinámica familiar.
Durante el debate también se destacó que este fenómeno no se manifiesta de la misma manera en todos los sectores sociales. Mientras que en clases medias y altas la permanencia en el hogar aparece como una novedad, en sectores populares la convivencia intergeneracional ha sido históricamente más frecuente, aunque por motivos distintos.
En Argentina, el cambio es evidente: según mencionó Zottola en el programa, cuatro de cada diez personas entre 25 y 35 años aún viven con sus padres, lo que marca un corrimiento en los tiempos tradicionales de independencia. Esto también redefine las ideas de éxito, autonomía y realización personal.
En este contexto, los especialistas coincidieron en que la adultescencia no puede entenderse como una simple elección individual, sino como el resultado de transformaciones profundas en la economía, la cultura y las formas de construir identidad. Un fenómeno que, lejos de ser pasajero, parece consolidarse como una nueva etapa dentro del ciclo de vida contemporáneo.




