De los ritos romanos a Jano hasta las 12 uvas, la quema de muñecos y los fuegos artificiales, así se convirtió la Nochevieja en una fiesta global.
De los dioses romanos a una fiesta global de Año Nuevo
La Nochevieja, celebrada cada 31 de diciembre, marca la culminación del año civil y la transición simbólica hacia un nuevo ciclo en gran parte del mundo. Sus raíces se remontan a las antiguas festividades romanas dedicadas a Jano, el dios de las dos caras que mira al pasado y al futuro. De él toma su nombre enero, o Ianuarius, como símbolo de finales y comienzos.
En sus orígenes, el calendario romano comenzaba en marzo. Con la llegada del calendario juliano, en el año 46 a.C., el inicio del año se fijó formalmente el 1 de enero, mientras los ciudadanos intercambiaban ramas de árboles sagrados y dátiles como augurio de prosperidad.
Durante la Edad Media, el inicio del año variaba según la región: algunos territorios europeos lo celebraban el 25 de marzo (Anunciación) y otros el 25 de diciembre (Navidad). Recién con la implantación del calendario gregoriano en 1582, impulsado por el papa Gregorio XIII, la Nochevieja comenzó a consolidarse como el 31 de diciembre, buscando corregir desfases astronómicos y unificar la liturgia cristiana.
Con el paso de los siglos, lo que nació como una necesidad administrativa y religiosa se transformó en una fiesta global del fin de año, cargada de rituales de Año Nuevo, supersticiones y costumbres que hoy se replican y viralizan en redes sociales.
Ritos de Nochevieja: del Río de la Plata a España, Brasil y las grandes capitales
En Argentina, la Nochevieja tiene un fuerte componente social y familiar, marcado por el verano del hemisferio sur. Las reuniones suelen trasladarse a patios, terrazas y espacios al aire libre, donde conviven los asados, los platos fríos, el pan dulce y los confites heredados de la cocina europea. El brindis de medianoche se convierte en el punto máximo de emoción, donde se concentran los deseos y las promesas para el año que empieza.
Una de las tradiciones más llamativas del país es la quema de muñecos de fin de año, que tiene su epicentro en La Plata. Vecinos y grupos de amigos construyen figuras gigantes de papel y madera que representan personajes del año que se va y las queman después de las doce. Este ritual simboliza la purificación, la eliminación de lo negativo y la apertura a un nuevo comienzo, un gesto que se comparte en fotos y videos virales cada 31 de diciembre.
En España, la Nochevieja está marcada por las 12 uvas de la suerte, que se comen al ritmo de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol en Madrid. Cada uva representa un deseo o un mes del año entrante, y la escena se repite en casas, bares y plazas, mientras millones de espectadores siguen la transmisión televisiva.
En países como Brasil, la celebración se mezcla con el sincretismo religioso: miles de personas se visten de blanco y realizan ofrendas a Iemanjá, lanzando flores blancas al mar para pedir protección y buena energía.
En paralelo, ciudades como Nueva York, Sídney o Londres convierten el fin de año en un espectáculo de masas, con fuegos artificiales en todo el mundo que se retransmiten en televisión y plataformas digitales. La última noche del año se celebra así en cascada, a medida que los husos horarios van marcando la llegada del nuevo año en distintos puntos del planeta.




