El Dr. Mauricio Cattaneo cuestionó el ajuste sobre el sistema científico y sostuvo que el CONICET sigue en pie por el esfuerzo de investigadores, becarios y personal de apoyo. En una entrevista realizada por Germán Valdez y emitida por América Tucumán, advirtió que sin financiamiento, planificación e interacción entre instituciones, la Argentina se encamina al atraso.
El debate sobre el presente y el futuro de la ciencia argentina volvió a escena con una advertencia fuerte desde Tucumán. El investigador Mauricio Cattaneo miembro del Instituto de Química del Noroeste Argentino (INQUINOA, CONICET-UNT), afirmó que el CONICET no está desmantelado, pero sí “sostenido a pulmón” por sus trabajadores, en un contexto que, según planteó, ya provoca renuncias, desgaste y pérdida de vocaciones para ingresar al sistema científico. La definición surgió durante una entrevista con Germán Valdez, donde además remarcó que las consecuencias de este proceso no se limitan a los laboratorios: también alcanzan a la producción, a las pymes y a las posibilidades de desarrollo del país.
Uno de los puntos más fuertes de su análisis fue el de las patentes. Allí sostuvo que la capacidad científica existe, pero que el problema aparece cuando faltan recursos, organización, interacción interinstitucional y políticas de largo plazo. Su mensaje fue claro: una patente no surge “de la galera”, sino de años de inversión sostenida y encadenamiento entre investigación básica, desarrollo tecnológico e innovación. Para graficarlo, puso como ejemplo el caso de los estudios vinculados al Parkinson en Tucumán, un antecedente que ya tuvo respaldo oficial: en 2023 el Gobierno provincial informó que una línea de trabajo impulsada junto a investigadores locales logró una patente internacional para una nueva molécula y avanzó con estudios preclínicos en Estados Unidos, con apoyo de vínculos construidos también con Francia.
En la entrevista, Cattaneo también rechazó la idea de que el sector privado, por sí solo, pueda reemplazar al Estado en la etapa inicial del desarrollo científico. Esa mirada coincide con buena parte de la experiencia internacional que él mismo mencionó al aire: países que hoy lideran procesos de innovación consolidaron primero una base científica sostenida con inversión pública y recién después lograron una participación más fuerte del capital privado. En su planteo, sin ese primer escalón no hay transferencia posible, y sin transferencia tampoco hay salida productiva ni tecnológica para la Argentina.
El diagnóstico no quedó sólo en la crítica. Cattaneo insistió en que el problema central es la ausencia de una dirección política clara para el sistema científico-tecnológico y universitario. Según describió, el CONICET hoy resiste, pero lo hace en condiciones cada vez más frágiles: con menos atractivo para jóvenes altamente calificados, con personal que se va y con una red institucional que pierde capacidad de proyectar a largo plazo. En abril de 2024, el propio CONICET NOA Sur lo citó como uno de los organizadores de una jornada federal en defensa de la ciencia nacional, donde ya advertía sobre el desfinanciamiento y el deterioro de la estructura del sistema.
El trasfondo de la discusión excede incluso al organismo. Para el investigador, recortar ciencia no golpea solamente a académicos o universidades: también afecta a la producción local, al entramado pyme y a la posibilidad de que el conocimiento se convierta en soluciones concretas. Por eso su advertencia final fue política y estratégica a la vez: si la Argentina no fortalece su sistema científico, universitario y tecnológico, no sólo perderá capacidad de patentar o innovar, sino que quedará cada vez más rezagada en un mundo donde el conocimiento vuelve a definir el poder económico.



