El periodista, abogado y analista político Carlos Campolongo fue entrevistado por Germán Valdez en una emisión de América Tucumán, y dejó una mirada dura sobre la escena nacional: habló de “carencia de política”, cuestionó el nivel del debate público, relativizó la solidez del oficialismo de cara a una eventual reelección y puso en duda que el peronismo llegue a 2027 con un proyecto claro.
San Miguel de Tucumán. En una entrevista marcada por la preocupación por el rumbo del país, Carlos Campolongo trazó un diagnóstico áspero sobre la coyuntura argentina y el escenario electoral que empieza a perfilarse hacia 2027. Lejos de un análisis de superficie sobre ganadores y perdedores del momento, sostuvo que lo que hoy se ve es una combinación de polarización, distracción pública y falta de debate real de ideas, un cuadro que, a su entender, vuelve cada vez más difícil pensar un proyecto político consistente.
El punto de partida de esa lectura fue la exposición de Manuel Adorni en la Cámara de Diputados, respaldado personalmente por Javier Milei en el Congreso el 29 de abril de 2026. Campolongo describió aquella escena como un espectáculo pobre en términos políticos y dijo haber percibido un fuerte desentendimiento social respecto de lo que se estaba discutiendo. Su crítica apareció en un contexto en el que Adorni respondió un extenso informe de gestión, mientras la oposición ponía el foco en investigaciones judiciales y el oficialismo buscaba blindar políticamente al jefe de Gabinete.
Pero Campolongo fue más allá del episodio parlamentario. En la entrevista vinculó esa discusión con la visita del empresario tecnológico Peter Thiel a la Argentina, a quien presentó como parte de un proceso global mucho más profundo que el ruido local. La referencia no fue casual: Thiel efectivamente estuvo en Buenos Aires en abril, se reunió con Milei en Casa Rosada y su paso por el país despertó atención por sus negocios, su peso en Silicon Valley y su influencia en debates sobre inteligencia artificial, tecnología y poder. Para Campolongo, mientras la política argentina se entretiene en escenas menores, el mundo se mueve sobre ejes mucho más determinantes.
Ese razonamiento lo llevó también al plano electoral. Consultado por la eventual reforma del sistema de votación y por los planteos del gobernador Osvaldo Jaldo, Campolongo advirtió que algunos mecanismos podrían derivar en una acumulación artificial de votos alrededor de la figura presidencial. La observación apareció justo cuando Jaldo propuso mantener las PASO, pero sin financiamiento estatal, excluyendo a listas únicas y permitiendo que el elector elija cada categoría por separado, una posición que buscó diferenciarse del esquema impulsado por el Gobierno nacional.
Sobre la eventual reelección de Milei, Campolongo evitó dar una certeza. No descartó ese escenario, pero tampoco lo dio por hecho. Su respuesta fue más amplia: dijo que el país vive un tiempo de grandes confusiones, donde buena parte de la sociedad está más preocupada por llegar a fin de mes que por seguir la lógica fina del sistema político. Desde esa mirada, el problema central no es sólo quién puede competir, sino con qué contenido real se llega a esa competencia.
Esa duda se volvió todavía más fuerte cuando habló del peronismo. Campolongo se preguntó directamente si hoy existe un peronismo como identidad política articulada o si lo que viene será apenas un conglomerado de alianzas movidas por oportunismos circunstanciales. También marcó reservas sobre figuras como Sergio Massa, al sostener que arrastra zonas oscuras que todavía no terminaron de explicarse públicamente, y consideró que Cristina Fernández de Kirchner llega al nuevo ciclo con un desgaste fuerte y con el condicionamiento de su condena penal. Más que una definición cerrada, lo que dejó fue una señal de alarma: para él, el peronismo la tiene incluso más difícil que otras veces porque ya no alcanza con juntarse, sino que necesita reconstruir un proyecto creíble.
En el fondo, la entrevista expuso algo más profundo que una simple especulación sobre candidaturas. Campolongo puso en duda la calidad del debate público, cuestionó el cortoplacismo y reclamó una política capaz de salir del exitismo, de las operaciones de distracción y de las lecturas binarias. En ese sentido, su mensaje final fue menos electoral que civilizatorio: antes de discutir nombres para 2027, la Argentina debería volver a discutir ideas, proyecto y dirección.




