A 213 años de su aprobación, la canción patria argentina vuelve a revelar una historia poco conocida: su versión original era mucho más larga, más combativa y con fuertes referencias contra España.
Buenos Aires, 11 de mayo de 2026. Cada 11 de mayo se conmemora el Día del Himno Nacional Argentino, en recuerdo de la aprobación de la antigua Marcha Patriótica por parte de la Asamblea General Constituyente del Año XIII, en 1813. Sin embargo, la versión que hoy se canta en escuelas, actos oficiales, estadios y eventos públicos es apenas una parte de aquella obra original.
La letra fue escrita por Vicente López y Planes y la música compuesta por Blas Parera. En su primera versión, el Himno no tenía el tono breve y solemne que se escucha actualmente: era una composición extensa, de fuerte contenido político y con un mensaje directamente ligado al clima revolucionario de la época.
La canción patria nació en un contexto de ruptura con el orden colonial. Por eso, varias de sus estrofas tenían un tono abiertamente confrontativo contra España. La versión original incluía imágenes de guerra, referencias al “opresor” y versos como “a sus plantas rendido un león”, en alusión al poder español.
Con el paso de los años, ese contenido empezó a resultar incómodo para una Argentina que buscaba consolidar relaciones diplomáticas más estables. El cambio más importante llegó en 1900, cuando un decreto firmado durante la presidencia de Julio Argentino Roca dispuso que, en actos oficiales, festividades públicas y escuelas, se cantaran solo la primera y la última cuarteta, junto con el coro.
Ese recorte eliminó las partes más bélicas y dejó la versión breve que se popularizó hasta la actualidad. La decisión fue luego ratificada por el Decreto 10.302 de 1944, que estableció los patrones oficiales de los símbolos patrios, entre ellos el Himno Nacional.
La tradición también ubica una de las primeras interpretaciones del Himno en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, un espacio de reuniones políticas, sociales y culturales de la Buenos Aires revolucionaria. Allí, según la reconstrucción histórica, la canción comenzó a circular antes de convertirse en uno de los símbolos centrales de la identidad argentina.
Otro dato poco conocido es que la denominación “Himno Nacional Argentino” no fue la primera. Originalmente se lo llamó Marcha Patriótica, y recién hacia mediados del siglo XIX comenzó a imponerse el nombre con el que se lo conoce hoy.
La obra también tuvo transformaciones musicales. En 1860, Juan Pedro Esnaola realizó arreglos sobre la composición de Parera, versión que sirvió como base para la interpretación oficial posterior. Así, el Himno fue cambiando no solo en su extensión, sino también en su forma musical y en el sentido político que transmitía.
A más de dos siglos de su creación, el Himno Nacional sigue siendo una pieza central de la vida pública argentina. Pero su historia muestra que no se trató de una canción congelada en el tiempo, sino de una obra atravesada por disputas, decisiones políticas, cambios diplomáticos y reinterpretaciones culturales.
Cada vez que se entona el “Oid mortales”, no solo se canta una canción patria: también se activa una historia que nació como un grito revolucionario y terminó convertida en un símbolo compartido por generaciones.




