Los atrasos en préstamos y tarjetas volvieron a escalar en enero y dejaron a la Argentina por encima de Brasil, Colombia, México, Chile y Paraguay. El deterioro del ingreso, el mayor peso de las cuotas y el avance del crédito no bancario explican parte del fenómeno.
La morosidad de los hogares argentinos se consolidó como una de las principales señales de alarma del sistema financiero. En enero, los atrasos en el pago de créditos destinados a familias llegaron al 10,6%, un nivel inusualmente alto para la serie reciente y muy por encima del registro de un año atrás, lo que confirma que la dificultad para sostener deudas dejó de ser un problema aislado para transformarse en un dato estructural del presente económico.
El cuadro se vuelve todavía más delicado al mirar los rubros más sensibles del consumo cotidiano. Los préstamos personales mostraron una irregularidad de 13,2%, mientras que en las tarjetas de crédito los saldos impagos alcanzaron el 11%. Fuera del circuito bancario tradicional, la tensión es aún mayor: en billeteras virtuales, fintech y otras entidades no bancarias, la mora fue estimada en 23,9%, un salto que expone cuánto crecieron las obligaciones financieras de las familias en canales más caros y más frágiles.
Con esos números, la Argentina quedó ubicada en el peor lugar de la comparación regional para el segmento hogares. Detrás aparecen Brasil (5,2%), Colombia (5,1%), México (3%), Chile (2,6%) y Paraguay (2,3%), todos con niveles considerablemente más bajos. La distancia no solo marca un deterioro local, sino también un desenganche respecto de la tendencia regional: la mora de las familias argentinas prácticamente triplica el promedio de los países relevados.
Detrás de esta dinámica aparecen varias explicaciones que se combinan. Por un lado, se profundizó la pérdida de poder adquisitivo y muchas familias debieron reorganizar gastos fijos, postergar pagos o financiar consumos corrientes. Por otro, el peso de las cuotas siguió creciendo en un contexto de tasas elevadas y recuperación desigual de la actividad.
El dato abre una discusión de fondo sobre la economía real. Cuando el endeudamiento deja de funcionar como puente y empieza a convertirse en un problema de repago masivo, el crédito pierde capacidad de apuntalar el consumo y pasa a reflejar la fragilidad de los ingresos. La mirada de los analistas es coincidente en un punto: para revertir esta tendencia, los salarios deberán recuperar terreno de manera sostenida y aliviar la relación entre cuota e ingreso. De lo contrario, la mora podría seguir escalando durante los próximos meses.




