El Banco Central redujo encajes para inyectar liquidez y reactivar el crédito, pero el resultado fue el opuesto al esperado: las tasas de los depósitos cayeron del 35% al 22,5%, mientras que los préstamos personales siguen rondando el 65%. El crédito privado lleva cuatro meses de caída en términos reales.
Buenos Aires, 13 de mayo de 2026. La estrategia del Gobierno para reactivar el consumo a través del crédito tiene una fisura que los números hacen cada vez más visible. En el último mes y medio, el Banco Central (BCRA) redujo en dos oportunidades los encajes bancarios —los fondos que los bancos están obligados a inmovilizar como reserva— con el objetivo de que esa liquidez se trasladara a más préstamos y, por esa vía, a un impulso del consumo. El resultado, hasta ahora, fue el contrario al esperado.
Las tasas que pagan los plazos fijos cayeron con rapidez. Las que cobran los créditos al consumo, prácticamente no se movieron.
La tasa de referencia del costo de fondeo bancario —la llamada tasa Tamar, que se paga a los depósitos mayoristas— retrocedió del 35% en enero al 22,5% actual. En cambio, los créditos personales apenas cedieron de 68% a 65,5%, una compresión mínima que no alcanza para hablar de un abaratamiento real del financiamiento.
La mora, el freno de fondo
La explicación central tiene nombre: morosidad. La irregularidad en el crédito a hogares llegó al 11,5% en marzo, el nivel más alto desde 2004, tras multiplicarse por casi cinco desde octubre de 2024, cuando era del 2,5%. Frente a ese deterioro, los bancos tradicionales no subieron tasas para cubrirse, sino que tomaron otro camino: redujeron límites crediticios y endurecieron los criterios de otorgamiento.
Los prestamistas no tradicionales —billeteras virtuales y entidades fuera del sistema regulado— sí subieron tasas, pero con peores resultados: la mora en ese segmento trepó al 30,1% en marzo, casi el triple que en los bancos.
Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia, lo resumió con precisión: «La flexibilización de la política de encajes se está traduciendo en una baja de las tasas pasivas, porque los bancos remuneran menos los depósitos, pero no en un abaratamiento de los créditos. La vía de la expansión del crédito al sector privado sigue siendo un objetivo, pero no una realidad».
Los bancos prefieren prestar al Estado
Hay otro factor que frustra los planes del Gobierno. En lugar de volcar la liquidez recuperada de los encajes hacia el sector privado, los bancos la canalizaron hacia el Tesoro. Desde mediados de marzo, cuando comenzó la flexibilización, el Ministerio de Economía captó $5,5 billones netos en licitaciones, concentrando el 60% del financiamiento neto del año en apenas 45 días.
La lógica, según Rajnerman, es clara: los bancos «prefieren prestar más corto que largo, y no prestar al sector privado, que tiene una tasa de incumplimiento alta, sino prestarle al sector público, que tiene una probabilidad de default muy baja».
La consultora 1816 aportó datos adicionales: en abril, los préstamos en pesos al sector privado cayeron en términos reales por cuarto mes consecutivo, y los créditos a familias apenas crecieron un 0,3%, acumulando una caída del 4% respecto del cierre de 2025.
El crédito en dólares sí mostró dinamismo —vía obligaciones negociables y bonos corporativos, ya en máximos del período 2017-2018 en términos reales— pero ese circuito es exclusivo de las empresas con acceso al mercado de capitales, no de las familias que necesitan financiar consumo en pesos.
La vía del crédito como palanca de reactivación del consumo sigue siendo, por ahora, un objetivo del programa económico más que una realidad que los números confirmen.




