El ministro de Economía también marcó distancias con la gestión de Macri y aseguró que ambos gobiernos son «exactamente lo opuesto» en términos de política económica.
Buenos Aires, 19 de mayo de 2026. El ministro de Economía, Luis Caputo, salió con todo. En una entrevista con el programa Economía de Quincho, el titular del Palacio de Hacienda trazó una distinción tajante entre la gestión de Javier Milei y la de Mauricio Macri, bajo cuyo gobierno se desempeñó como ministro de Finanzas y presidente del Banco Central.
«Mucha gente comete el error de relacionar este gobierno con el de Macri, simplemente porque no era peronista. Voy a decir algo bien concreto y que quede bien en claro: este gobierno, en términos de política económica, no sólo es diferente al de Macri sino que es lo opuesto», afirmó Caputo. Y fue más lejos: «Probablemente no debe haber dos casos más opuestos».
La raíz del argumento: el déficit fiscal
Para Caputo, la diferencia de fondo radica en cómo cada gestión encaró el déficit. Señaló que Macri heredó un nivel de desequilibrio fiscal similar al de Milei, pero lo mantuvo intacto durante sus primeros dos años, confiando en el financiamiento externo. «Hubo una euforia financiera que le permitió financiar esa transición. Como el crecimiento no se materializó, el déficit quedó igual y el financiamiento se terminó», explicó.
En cambio, sostuvo que la gestión actual «hizo exactamente lo opuesto y por eso casi es un caso de estudio»: eliminó el déficit fiscal en el primer mes de mandato y el déficit cuasifiscal en diez meses, partiendo de un desequilibrio consolidado de 15 puntos del PBI.
También aprovechó el momento para marcar distancia con la Convertibilidad y con el ex ministro Domingo Cavallo, con quien el gobierno tuvo rispideces públicas recientes. Afirmó que ese modelo cayó por el mismo problema histórico de la Argentina: la falta de equilibrio fiscal.
Proyección económica y baja de impuestos
Caputo indicó que la mayor recuperación económica se espera a partir de mayo o junio, impulsada por el proceso de desinflación y la puesta en marcha de obras públicas. Precisó que para fines de junio estarán en ejecución 9.000 kilómetros de corredores viales, lo que dará un impulso fuerte al sector de la construcción.
En materia fiscal, el ministro destacó que ya se bajaron más de 2,5 puntos del PBI en impuestos, equivalente a casi USD 15.000 millones por año, y planteó como horizonte que toda la economía converja al nivel impositivo del RIGI. Sostuvo que si el país crece entre 6% y 8% anual durante cuatro años, sería posible eliminar las retenciones, el impuesto al cheque y reducir Ingresos Brutos en las provincias.
El gasto público, según Caputo, se encuentra actualmente en 15 puntos del PBI, el mismo nivel que en los años 90 y 10 puntos por debajo del pico registrado hace ocho años.
Tipo de cambio: «No hay atraso»
Consultado sobre el dólar, Caputo fue categórico: «No hay un tema con el tipo de cambio». Argumentó que Argentina se encuentra en récord de exportaciones y que el Banco Central está comprando más de USD 100 millones por día para evitar que el tipo de cambio caiga por debajo de los $1.100, en un contexto de fuerte shock externo. «En cualquier otra situación, este shock sacaba a la Argentina de la cancha», afirmó.
Pronóstico electoral y críticas al kirchnerismo
El ministro fue contundente al proyectar el escenario político. Aseguró que 2027 «va a ser un año atípico electoralmente» y que Milei va a ganar en primera vuelta y cómodo. «Va a ser tan obvio que la gente se va a dar cuenta antes y va a haber un crecimiento feroz porque esto se va a resolver mucho antes», sostuvo.
Sobre el kirchnerismo y la figura del gobernador bonaerense Axel Kicillof, fue directo: «El kirchnerismo no es una opción ni aunque nos fuera mal», y agregó que «a Kicillof no lo votan ni aunque se junte con el que se junte».
En un plano más estructural, Caputo planteó que para que Argentina se consolide como un país serio, las alternativas políticas que considera «comunistas y socialistas» deben dejar de ser opciones viables, de manera que el sistema político funcione como el de países normales donde, independientemente de quien gobierne, las reglas de juego se mantienen.




